LA NORMA Y LO NORMAL



Sigo sintiendo que somos cada vez menos humanos y que unos por otros no hacemos nada por evitarlo.

En Sevilla, si llevas a un bebé en su silla y va dormido y quieres subir al metro, tienes que despertar al niño, cogerlo para plegar la silla, y tú vas con el niño en brazos y la silla plegada.

Yo me pregunto con qué pie te agarras para no caerte, o que seguridad le puedes ofrecer a tu hijo cuando solo le puedes sujetar con una mano ya que en la otra llevas la silla plegada.

Pero hay otra cosa peor, las mamás que tienen dos hijos morochos, gemelos o de edades aproximadas que llevan dos carritos de niños pegados, no pueden subir al autobús al menos en Madrid.

El reglamento de Viajeros de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, establece como “derecho de los viajeros” el portar objetos o bultos de mano, siempre que no supongan molestias o peligro para otros viajeros, a juicio del conductor, la silla de niños, o de ruedas se pueden subir siempre y cuando la ocupación del autobús permita situar la silla en la plataforma central habilitada para ello, causando las mínimas molestias y riesgos al resto de viajeros.

Entiendo que depende mucho lo de las sillas de niño, o sillas de ruedas, del “juicio” del conductor, esperemos que le gusten los niños, no odie a los ancianos, y otra serie de cosas para que su “juicio” favorezca al más débil.

“Que no suponga molestias para los viajeros”, esto es increíble, es más importante la comodidad de unos que la de otros, ya que para “no molestar” a unos viajeros, otros no pueden subir.

No está permitido acceder al autobús con sillas dobles o tipo tándem.

¡¡Está prohibido!!

¿Quién fue el imbécil que ideó esa ley? ¿Quiénes fueron los tontos que la secundaron? ¿Cómo podemos permitir que una mujer a la que hay que ayudar a subir al autobús con bebes, dejarle el asiento, ayudarla a subir los carros y tratarla como una marquesa, se la trate como una “indeseable” en un medio de transporte público, por el hecho de tener dos bebes pequeños y llevar dos sillas?

Las normas son más importantes que los seres humanos, está por encima de lo normal, de lo sensato.


Esto sucede en un país que se cree del primer mundo.

7 comentarios:

yraya dijo...

Ya veo que en la capital del reino la cosa no es muy fácil para las madres con niños peques que quierán viajar y en Sevilla también, jodo, vaya un país de....
Aquí si que se les deja subir, por lo menos los carritos con los bebes y en el metro también, aunque hay cada uno/a que antes de entrar en el vagón arrasan con ellos, por coger asiento, que asquito.

Genín dijo...

El mundo está lleno de idiotas insensibles con buenos puestos de trabajo...
Salud y besitos

Suko dijo...

Qué esperar de un país que considera matar niños indefensos en el vientre de su madre "un derecho"-

Txema dijo...

Y no sólo los niños; los mayores, los discapacitados etc. En fin que nos queda mucho camino por recorrer.

un saludo

Stanley Kowalski dijo...

Lamento que estas cosas sucedan, me parece un claro ejemplo de discriminación.
Por otro lado me das una alegría, pues aquí estas cosas no suceden al menos. Y eso que para el primer mundo somos los pobres sudacas del tercer mundo.

Te agradezco mucho tus comentarios, sos muy amable!

BESOTES GUAPA Y BUEN FINDE!

Anónimo dijo...

Francamente me llama la atención, aquí en Tenerife en el autobús te comes el cochito y al niño lo coges en los brazos.
En el tranvía, sin embargo, hay espacio para los coches, para las bicicletas y las sillas de ruedas.
Lo mismo que en los autobuses de Edimburgo, donde los primeros asientos son para las madres con coches, para las embarazadas, para los impedidos, etc...
Quéjense¡

Joaquin

Anónimo dijo...

Esto que comentas me pasó el pasado 29 de diciembre de 2010. Tengo mellizos y quería coger el autobús para ir a realizar unas compras y no me dejaron subir con la silla gemelar. El caso es que si que dejan subir una silla normal, pero la gemelar no, el conductor me dijo que era la norma, que un niño sí, pero el otro no. Y digo yo: qué hago con mi otro niño?
Menuda rabia e indignación sentí. Me estaban limitando mi vida por el hecho de ir con una silla un poco más ancha que la normal.